viernes, 2 de mayo de 2014

Acercándonos al hogar que algún día será.



Las puertas del interior las veía demasiado claras, pero quería respetar la veta de la madera en lo posible. Así que las sometí a un proceso de teñido en cuatro fases. Aplicando sucesivamente aceite de linaza, tinte de teca, barniz satinado al agua y cera incolora solida.



En el exterior no resaltaban apenas y añadí pintura color mantequilla de la americana.





Una vez aplicado la pasta en las paredes de los tabiques interiores, ya se podía colocar el tabique de la planta superior. En la inferior se retrasaría ya que primero había que colocar la escalera en L.



Comprobar el sentido del giro de la puerta antes de ponerla, es una buena idea. Aprendí tarde que se puede cambiar la dirección de la puerta fácilmente. Hubiera preferido que girara hacia el lado derecho. Forma parte de las pequeñas decisiones de las que más adelante te arrepientes y harías de otra forma. Afortunadamente no hay demasiadas (Al menos de momento, en esta casa)






El método de calcular donde iría colocado el tabique fue muy experimental, ya tenía una cama de un coleccionable y le añadí una cómoda y una mesilla de noche, calculando la distancia para poder abrir la puerta sin  chocar con la cama, fue un rato muy divertido hasta que logré encajar todas las piezas en el dormitorio.







Entre el piso de la puerta y el suelo quedaba un espacio de cuatro milímetros. Y de ninguna manera iba a permitir que mis habitantes (pobres) tuvieran un escaloncito, del equivalente de casi cinco centímetros, se iban a dejar los tobillos…. Colocar una base de cartón pluma de tres milímetros y pegar sobre ella tiras de seis por un centímetro de madera de balsa de un milímetro de espesor resultó una idea genial.

Así, tablita a tablita forme los cuatro suelos que necesitaba. El dormitorio, la cocina, el hueco de la escalera y la tienda. Y había que teñirlos también para igualar con el resto de las piezas de madera. Cuatro capas como os recuerdo.


sábado, 26 de abril de 2014

Duro trabajo.



No había explicado que el color elegido para el exterior, es un maravilloso color borgoña y combinado con las nuevas ventanas y puerta queda muy bonito.



La fachada tiene una puerta exterior, una ventanita hacia el hueco de la escalera y un gran escaparate formado por “cristales” más pequeños que aun estoy a tiempo de retirar y dejar un ventanal de una sola pieza, esta cuestión sigue sin estar decidida.



Desgraciadamente las ventanas de los tragaluces tenían un fantástico remate en arco de las que las nuevas ventanas de madera carecían. Rellenar el espacio vacío en la parte superior, será algo a tener en cuenta más adelante. Queda mucho trabajo por hacer, más del que parecía posible en una casa tan pequeña.



Como se había cambiado el sentido de la escalera, en la otra dirección no cabía la escalera completa, así que cortando por lo sano y añadiendo un pequeño descansillo se conseguía acceder al piso de arriba. La opción de no poner escalera e imaginar que iba de alguna manera mágicamente al piso superior fue descartada casi antes de ser pensada, hay soluciones intermedias con un inicio de escalera visible a través de una puerta entreabierta, pero tampoco me terminaba de convencer. Dejare la intriga de cómo quedo para futuras entradas. Solo adelantar que ha terminado siendo uno de los rincones con mas encanto del edificio, aunque puede que sea solo amor de madre…..








Las obras, sin embargo, avanzan con una lentitud desesperante…